20/3/09
10 consejos para ser feliz
9/4/08
Receta
7/4/08
Aconsejando
14/1/08
El secreto del fú
21/9/07
Mientras...
Y sin buscarlo, encontrarás la casualidad de tu vida...y de repente te darás cuenta, de que no hay camino, de que el camino se hace día a día, con cada paso, con cada beso, con cada mirada, con cada sonrisa...
15/9/07
Si ya lo tenemos delante...
14/8/07
Viaje a la felicidad
18/7/07
El secreto de la felicidad
Un mercader envió a su hijo con un gran sabio para aprender el Secreto de la Felicidad. El joven caminó durante días por el desierto, hasta llegar a un hermoso castillo.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, el joven vio mercaderes que entraban y salían, muchas personas conversando, una orquesta y una mesa repleta de manjares. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para ser atendido.
Al fin, el ilustrado escuchó al visitante, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle aquel secreto. Le sugirió dar un paseo por su palacio y volver dos horas más tarde. Y añadió:
-Quiero pedirte un favor -entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite.-
-Mientras caminas, lleva este utensilio y cuida que el aceite no se derrame.
El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara.
Y luego de dos horas, retornó.
-¿Qué tal?- le preguntó el sabio, -¿Viste los tapices de Persia? ¿Advertiste el jardín, que tarde diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca
El joven, avergonzado, confesó que no. Su preocupación había sido no derramar el aceite.
-Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo, -dijo el sabio-No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención las obras de arte, los jardines, las montañas que asomaban, la delicadeza de las flores y de los cuadros del lugar. De regreso con el Sabio, le relató lo visto.
-¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? -preguntó el anciano-
El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que se habían derramado.
-Pues éste es el único consejo que puedo darte. El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.
El Secreto de la Felicidad está en saber disfrutar de los grandes placeres sin olvidar las pequeñas cosas que tenemos a nuestro alcance.
12/6/07
Más sobre "fu"
25/4/07
La belleza está en los ojos de quien mira
Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones.
Su cama daba a la única ventana de la habitación.
El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba.
Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus esposas y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones.
Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.
El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.
La ventana daba a un parque con un precioso lago.
Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas.
Los jóvenes enamorados paseaban de la mano entre flores de todos los colores del arco iris.
Grandes árboles adornaban el paisaje y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.
Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.
Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando.
Aunque el otro hombre no podía oír la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.
Pasaron días y semanas. Un día, la enfermera entró con el agua para bañarlos, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.
Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.
Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana.
La enfermera lo cambió encantada y, tras asegurarse que estuviera cómodo, salió de la habitación.
Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo él mismo.
Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.
El hombre preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero ahora muerto a describir cosas tan maravillosas a través de la ventana.
La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver siquiera la pared, y añadió:
“Quizás solo quería animarlo a usted”.
Epílogo:
Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación.
El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble.
Si quiere sentirse rico, solo cuente todas las cosas que tiene y que el dinero no puede comprar.
“Hoy es un regalo, por eso se llama el presente”.
Foto: Balcón en Al-Andalus
9/3/07
Alquimia de la Felicidad (Fú)
Olvidar, recordar.
Sembrar horas dulces,
en tierras amargas…
Barreras de flores
en vientos sin calma.
Preciosas sonrisas
en campos de lágrimas.
Recuerdos y olvidos…
dulces de la infancia.
Mocedad perdida,
dicha recobrada.
Madurez en sombra,
vejez soterrada.
Labrar manantiales
en desiertas almas.
Borrar de la noche
inquietos fantasmas.
Llenar con estrellas
las oscuras albas.
Enterrar los muertos,
ver volar las águilas,
derrotar al miedo
cortando sus alas.
Coser corazones con hilos de magia.
Amar soledades,
bordar sinsabores.
Cerrar los recuerdos,
abrir los olvidos
y plantar un árbol
al pie de un camino
en el que florezcan
recuerdos y olvidos
“La alquimia de la felicidad depende de la justa mezcla de olvidos”
(Luís Sepúlveda)
(Escuchando "Puede Ser" de Conchita)


