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23/9/07

Templando el acero

Lynell Waterman cuenta la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios. Durante muchos años trabajó con ahínco, practicó la caridad, pero, a pesar de toda su dedicación, nadaparecía andar bien en su vida. Muy por el contrario: sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día. Una hermosa tarde, un amigo que lo visitaba, y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó: -Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado. El herrero no respondió enseguida: él ya había pensado en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida. Sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero: -En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú como se hace esto? Primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone roja. En seguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada. Luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido del vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. “Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta: una sola vez no es suficiente”. El herrero hizo una larga pausa, encendió un cigarrillo y siguió: -A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada. Y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de hierro viejo que ves a la entrada de mi herrería. Hizo otra pausa más, y el herrero terminó: -Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío en insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es: “Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras -pero nunca me pongas en la montaña de hierro viejo de las almas”

31/5/07

¿Ángel?

¿Perteneces al mundo de los ángeles o al de los hombres?Dímelo, porque la confusión se burla de mi entendimiento. Veo una figura humana, pero, si uso de mi razón, hallo que es tu cuerpo un cuerpo celeste. ¡Bendito sea el que contrapesó el modo de ser de sus criaturas e hizo que, por naturaleza, fueses maravillosa luz! No puedo dudar que eres puro espíritu atraído a nosotros por una semejanza que enlaza a las almas. No hay más prueba que atestigüe tu encarnación corporal ni otro argumento que el de que eres visible. Si nuestros ojos no contemplaran tu ser, diríamos que eras la Sublime Razón Verdadera. Pudieras ser un ángel....