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14/10/07

Había una vez...

Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo. Un día, un joven se le acercó y le preguntó: “Yo nunca he venido por estos lugares, ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?”

El anciano le respondió con otra pregunta: “¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?” “Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allá” “Así son los habitantes de esta ciudad”, le respondió el anciano.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: “Voy llegando a este lugar, ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?” El anciano, de nuevo, le contestó con la misma pregunta: “¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?” “Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos, que me ha costado mucho separarme de ellos” “También los habitantes de esta ciudad son así”, respondió el anciano.

Un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano: “¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?”

“Mira” - le respondió - “Cada uno lleva el universo en su corazón. Quién no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas, encuentran siempre lo que esperan encontrar”.

Todo lo bueno y lo bello de la vida que necesitas, lo llevas dentro de ti… simplemente déjalo salir y todo se inundará de azul

22/5/07

Pasado, presente y futuro...

Imposibilidad de mirar atrás, por primera vez, sintiendo la intensidad de verse suspendido entre un pasado que ya no es y un futuro que tampoco.

Y es ahora, este momento, el que ya ha ocurrido.

Es este instante el que resulta imposible atrapar, porque será ya pasado.

Y qué decir del futuro, tan poco práctico, tan incierto. Cuando llegue, apenas bastará un suspiro para que haya transcurrido.

Aquí estamos, suspendidos en un tiempo que no es tal, en un presente tan efímero que no cabe otra posibilidad que no sea la indiferencia por todo lo que nos sitúe en cualquier instante que no sea éste. Cuando quieres atrapar este instante, ya se te ha escapado...Te das cuenta entonce que sólo te queda mirar hacia delante y la vida, de repente, se convierte en una trepidante persecución de una magia que fluye en un fondo azul, donde sólo parece importar el ahora, porque al fin y al cabo el futuro dentro de un segundo, será pasado, y si el pasado no importa, no cabe sino saborearte a cada instante, dulce algodón de azúcar que parece nunca acabar. Cuadro: Reloj en explosión, Salvador Dalí

6/4/07

Esperando

Las hojas secas bajo tus pies desnudos, un manto natural que cubre tu camino hacia mí. Como cada noche, bajo el mismo árbol, en la oscuridad del bosque de siempre, bajo las rutilantes y espectantes estrellas, nos volvemos a encontrar. Mis ojos se pierden en una mirada infinita, con ellos empiezo a recorrer la geografía de tus manos. Un susurro tuyo consigue que mi piel se estremezca, hablas sin decirme ninguna palabra. Sentados, los dos, en una extraña armonía de silencio y ocultos sentimientos, sin querer dar el primer paso, pero esperándolo desde el primer momento. Un silencio y una mirada, pensamos por un instante que nada va a suceder, durante otro instante el mundo se para, un rayo de luna reflejado en tus ojos. Al fondo contemplamos la torre de la iglesia del pueblo, dos cigüeñas insomnes nos contemplan cómplices. Apenas quedan palabras, tan cerca nuestros ojos, se cierran y todo se inunda de algo muy dulce: algodón de azúcar.