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25/8/08

Obstáculos

Un sabio, decía que nuestra forma de pensar se congela y nos quedamos recorriendo siempre los mismos caminos, pues la mente se fija a las cosas que pensamos.
Hoy en día este fenómeno se conoce como “paradigma”.
Imaginemos que vamos en bicicleta por una carretera: el aire fresco golpeándonos el rostro; los árboles, las nubes, la naturaleza, las aves, los montes lejanos… Imaginemos que de pronto vemos una gran piedra en medio del camino.
Si fijamos toda nuestra atención en la piedra -es decir, en el obstáculo-, por más que sólo ocupe un breve espacio en la carretera, terminaremos chocándonos con ella.
Pensemos cuántas veces descubrimos un obstáculo en la vía y, al asumirlo como si fuera lo único, hacemos desaparecer todas las demás opciones (los árboles, las nubes, el resto del camino), dirigiéndonos irremediablemente hacia él, hacia la piedra.
Piedras siempre hay, lo importante es poder ver el paisaje, el conjunto y las cosas verdadaramente importantes...sólo así puedes contemplar plenamente lo azul que puede ser el cielo...

21/4/08

El mar

El mar. El mar encanta, el mar mata, conmueve, asusta, también hace reir, a veces desaparece, de vez en cuando se disfraza de lago, o bien construye tempestades, devora naves, regala riquezas, no da respuestas, es sabio, es dulce, es potente, es imprevisible. Pero, sobre todo, el mar llama. Lo descubrirás, Elisewin. Es lo único que hace, en el fondo: llamar. No se detiene nunca, te entra dentro, se te echa encima, es a ti a quien quiere. Puedes disimular, no te sirve de nada. Seguirá llamándote. El mar que estás viendo y todos los que no verás, pero que estarán siempre al acecho, pacientes, un paso más allá de tu vida. Los oirás llamar infatigablemente. Sucede en este purgatorio de arena. Sucederá en cualquier paraíso, y en cualquier infierno. Sin explicar nada, sin decirte donde, habrá siempre un mar que te llamará...el mar es profundamente azul, y un día cuando menos lo esperas te llama, y no te queda más remedio que encantado sumergirte en su produndidad celeste...

12/12/07

Luz y azul

Cuenta la historia que se encontraba una vez un hombre en medio de un momento difícil de su vida, los negocios y la familia no les iban nada bien. Constantemente el hombre trataba de luchar contra ello, sin embargo las cosas cada vez empeoraban más. Tuvo que realizar un viaje de negocios y mientras esperaba en el avión, rezó a Dios para que le mostrara algo que le diera un poco de esperanza y de fuerza, ya que a persar de todos los problemas, él seguía confiando en Dios. El día era un día oscuro y tormentoso, la lluvia y la tormenta casi impedía despegar al avión, y notó que al despegar con toda la turbulencia, el avión se movía a toda velocidad, comprobando este hombre que volaban por encima de las nubes y dejando la tormenta atrás. Entonces notó que por encima de las nubes, el sol brillaba radiante, apareciendo ante su vista un cielo azul y limpio, que antes no había podido ver por las nubes y la tormenta. Si tomamos una lección de esta historia podemos ver que, cuando nuestra vida no pase por un buen momento y no veamos claras las cosas, debemos pensar que como el cielo azul y el sol de la historia, no estamos solos y que por encima de todos los problemas está el Dios que nos creó, que permite que veamos la tormenta, para que después podamos descubrir el sol radiante y el cielo azul, que fué creado para nosotros. Cuando nos sintamos mal y perdidos, recordemos que SIEMPRE HAY LUZ POR ENCIMA DE LA TORMENTA, y a veces, de repente como por casualidad aparece todo terriblemente azul, y deseas permanecer para siempre en aquel lugar cristalino... Foto: Una playa de Portugal

23/10/07

Había un viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas. A algunas de ellas, él sabía responder, a otras no. Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina. El sabio siempre respondía a todas las preguntas sin ni siquiera dudar. Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría responder. Entonces, una de ellas apareció con una linda mariposa azul que usaría para engañar al sabio. “¿Qué vas a hacer?” –preguntó la hermana. “Voy a esconder la mariposa en mis manos y preguntarle al sabio si está viva o muerta” “Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así, cualquiera que sea su respuesta, ¡será una respuesta equivocada!” Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando. - “Tengo aquí una mariposa azul. Dígame, sabio, ¿está viva o muerta?” Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió: “Depende de ti... Ella está en tus manos.” Así es nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro. No debemos culpar a nadie cuando algo falle: somos nosotros los responsables por aquello que conquistamos (o no conquistamos). Nuestra vida está en nuestras manos, como la mariposa azul... Nos toca a nosotros escoger qué hacer con ella...seguiré de cerca mi mariposa azul...

14/10/07

Había una vez...

Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo. Un día, un joven se le acercó y le preguntó: “Yo nunca he venido por estos lugares, ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?”

El anciano le respondió con otra pregunta: “¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?” “Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allá” “Así son los habitantes de esta ciudad”, le respondió el anciano.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: “Voy llegando a este lugar, ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?” El anciano, de nuevo, le contestó con la misma pregunta: “¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?” “Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos, que me ha costado mucho separarme de ellos” “También los habitantes de esta ciudad son así”, respondió el anciano.

Un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano: “¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?”

“Mira” - le respondió - “Cada uno lleva el universo en su corazón. Quién no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas, encuentran siempre lo que esperan encontrar”.

Todo lo bueno y lo bello de la vida que necesitas, lo llevas dentro de ti… simplemente déjalo salir y todo se inundará de azul

11/8/07

Dialógos

El astronauta: -He estado en el espacio muchas veces pero no he visto a Dios, ni a los ángeles. El neurólogo: -Y yo he operado muchos cerebros inteligentes pero, nunca he visto ni un sólo pensamiento. Será que hay cosas que buscamos en los lugares equivocados, o será que simplemente algo se nos escapa de las manos... Así, busqué el azul en el cielo, y vi que estaba en el mar; cuando lo quise atrapar en el mar, me di cuenta de que mirabas desde aquel faro lejano y cuando por un segundo cerraste los ojos, el azul se escapó del mar y se escapó del cielo, y de repente, como apoderándose de todo, apareció en mi mente...

11/5/07

Puntos Cardinales

He podido salir y regresar para decir con rotundidad que algunos funcionamos con puntos cardinales suspensivos. Por ahí, el norte, por allá el oeste, acá el este, y los latidos al sur. Hay cosas en nuestro interior que pocas veces fallan. Todos deberíamos poder cruzar más a menudo el puente que nos lleva al otro lado y descubrir cómo son las nuevas avenidas de la vida; cuestionarnos sobre el destino, sobre nosotros mismos, sobre el azar, el factor suerte o sobre las personas y las cosas que se sostienen misteriosamente a nuestro alrededor, sin las cuales no somos nada. Éste es el privilegio que, de alguna manera, tiene que compensar la otra cara de la moneda. Bienvenidos sean siempre esos brazos y esos lugares en los que gestamos nuestros mejores recuerdos. La receta dice que para que algo nos vaya bien se necesita fe; creo que me la enseñaron desde pequeño. Años después, pegado al suelo, comprendí el tipo de fe al que necesitaba aferrarme. Por momentos contados, "tú también te sentirás iluminado, farola y brújula, con las retinas impregnadas de miradas y paisajes que habitan en algún rincón de tu interior". A menudo vivo tan intensamente que otras vidas aprehendidas se asoman por alguno de estos puntos cardinales suspensivos. Y sé que puedo ofrecer la mano, el abrazo, el beso o la mirada más pura y sencilla, la que deja ver todas las lagunas y los desiertos que ya forman parte del camino, porque resulta que en esta enfermedad contagiosa hasta lo triste nos resulta bonito. Pero, insisto, hay momentos tan intensos que incluso pueden saltar chispas al tocarlos y al tocarnos. No me da miedo el alambre ni la barra, ni la red que a veces no alcanzo a ver cuando aparece el vértigo. Me gusta este riesgo y, de vez en cuando, me la pego, como tú... sin tener que ocultar las cicatrices (quizás gracias a ellas nos va llegando lo mejor). No hace falta que me digas cuándo llegarás, porque a veces te intuyo, aunque no te hable del presente, y suena algo parecido a música celestial por las escaleras.
Todo es intensamente azul.

27/3/07

Hay regalos y regalos...

Cerca de Tokyo vivía un gran samurai, muy anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de sus años, circulaba la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Cierta tarde, un guerrero -conocido por su total falta de escrúpulos-apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento, y, dotado de una inteligencia privilegiada para aprovecharse de los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido un combate. Conociendo la reputación del samurai, estaba allí para derrotarlo, y hacer crecer su fama. Todos los estudiantes se manifestaron contra la idea, pero el viejo aceptó el desafío. Fueron todos a la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió el rostro, le gritó todos los insultos que conocía -y que ofendían incluso a sus antepasados. Durante horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo permanecía impasible. Hacia el final de la tarde, sintiéndose exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró. Molestos por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos preguntaron: -¿Cómo pudo soportar tanta indignidad? Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podía perder la lucha, en vez de actuar como un cobarde delante de todos nosotros? -Si alguien llega hasta tí con un presente, y tú no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el presente? -preguntó el samurai. -A quien trató de entregarlo -respondió uno de los discípulos. -Es lo mismo con la envidia, la rabia, y los insultos -dijo el maestro. -Cuando no se los acepta, le continúan perteneciendo a quien los trae consigo.