25/8/08
Obstáculos
21/4/08
El mar
El mar. El mar encanta, el mar mata, conmueve, asusta, también hace reir, a veces desaparece, de vez en cuando se disfraza de lago, o bien construye tempestades, devora naves, regala riquezas, no da respuestas, es sabio, es dulce, es potente, es imprevisible. Pero, sobre todo, el mar llama. Lo descubrirás, Elisewin. Es lo único que hace, en el fondo: llamar. No se detiene nunca, te entra dentro, se te echa encima, es a ti a quien quiere. Puedes disimular, no te sirve de nada. Seguirá llamándote. El mar que estás viendo y todos los que no verás, pero que estarán siempre al acecho, pacientes, un paso más allá de tu vida. Los oirás llamar infatigablemente. Sucede en este purgatorio de arena. Sucederá en cualquier paraíso, y en cualquier infierno. Sin explicar nada, sin decirte donde, habrá siempre un mar que te llamará...el mar es profundamente azul, y un día cuando menos lo esperas te llama, y no te queda más remedio que encantado sumergirte en su produndidad celeste...
12/12/07
Luz y azul
23/10/07
14/10/07
Había una vez...
Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo. Un día, un joven se le acercó y le preguntó: “Yo nunca he venido por estos lugares, ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?”
El anciano le respondió con otra pregunta: “¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?” “Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allá” “Así son los habitantes de esta ciudad”, le respondió el anciano.
Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: “Voy llegando a este lugar, ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?” El anciano, de nuevo, le contestó con la misma pregunta: “¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?” “Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos, que me ha costado mucho separarme de ellos” “También los habitantes de esta ciudad son así”, respondió el anciano.
Un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano: “¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?”
“Mira” - le respondió - “Cada uno lleva el universo en su corazón. Quién no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas, encuentran siempre lo que esperan encontrar”.
Todo lo bueno y lo bello de la vida que necesitas, lo llevas dentro de ti… simplemente déjalo salir y todo se inundará de azul
11/8/07
Dialógos
El astronauta:
-He estado en el espacio muchas veces pero no he visto a Dios, ni a los ángeles.
El neurólogo:
-Y yo he operado muchos cerebros inteligentes pero, nunca he visto ni un sólo pensamiento.
Será que hay cosas que buscamos en los lugares equivocados, o será que simplemente algo se nos escapa de las manos...
Así, busqué el azul en el cielo, y vi que estaba en el mar; cuando lo quise atrapar en el mar, me di cuenta de que mirabas desde aquel faro lejano y cuando por un segundo cerraste los ojos, el azul se escapó del mar y se escapó del cielo, y de repente, como apoderándose de todo, apareció en mi mente...
11/5/07
Puntos Cardinales
27/3/07
Hay regalos y regalos...
Cerca de Tokyo vivía un gran samurai, muy anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de sus años, circulaba la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un guerrero -conocido por su total falta de escrúpulos-apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento, y, dotado de una inteligencia privilegiada para aprovecharse de los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido un combate. Conociendo la reputación del samurai, estaba allí para derrotarlo, y hacer crecer su fama.
Todos los estudiantes se manifestaron contra la idea, pero el viejo aceptó el desafío.
Fueron todos a la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió el rostro, le gritó todos los insultos que conocía -y que ofendían incluso a sus antepasados. Durante horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo permanecía impasible. Hacia el final de la tarde, sintiéndose exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
Molestos por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos preguntaron:
-¿Cómo pudo soportar tanta indignidad? Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podía perder la lucha, en vez de actuar como un cobarde delante de todos nosotros?
-Si alguien llega hasta tí con un presente, y tú no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el presente? -preguntó el samurai.
-A quien trató de entregarlo -respondió uno de los discípulos.
-Es lo mismo con la envidia, la rabia, y los insultos -dijo el maestro. -Cuando no se los acepta, le continúan perteneciendo a quien los trae consigo.


